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Cómo hacer mermelada con los tomates de Yolanda

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Seguimos con las blogueras cocineras invitadas, si Bárbara nos enseñó su Kyaraben ahora Yolanda saca los tomates y los convierte en mermelada. No digo más, os dejo con su receta...

Cómo hacer mermelada con los tomates de Yolanda

No tenía yo ningún interés en concreto en hacer mermelada de tomate un lunes por la tarde, pero me dio por preparar unos tomates rellenos para cenar (eso lo contaré en otra receta, si os interesa) y de ahí surgió la idea. Cuando vacié los tomates me vi con la pulpa y las semillas de dos tomates (de los rojos, grandes, de los de huerta de toda la vida) sin un uso que darle y, educada en la cultura de “la comida no se tira”, pensé en qué podría aprovecharlo.Así que se me ocurrió lo de la mermelada para darle un uso, aunque tuve que modificar las recetas que encontré en internet porque todas decían de utilizar o todo el tomate excepto las pepitas o sólo la pulpa. Como yo no tenía ya el tomate entero y si le quitaba las pepitas a lo que tenía no daba ni para una tostada, decidí “customizar” las recetas que encontré. Y esto fue lo que hice:

Lo primero es escaldarlo todo en agua hirviendo durante 30 segundos, colarlo debajo del grifo de agua fría para que se enfríe y se retire el agua sobrante y pasarlo a un cuenco (no metálico, que reacciona con la acidez del azúcar y el limón). Se mezcla con unos 150 gr de azúcar blanco (la proporción está en unos 750 gr de azúcar para 1 kg de tomates, así que calculad lo que pese vuestra parte de tomates) y un chorro de algo menos de medio limón (imprescindible no sólo por el punto ácido que le aporta, sino porque ayuda a mantener la conserva en buen estado y a que obtenga una consistencia óptima).
Esa mezcla se deja unas 12 horas en la nevera para que macere todo bien. Pasado ese tiempo, se echa en una cazuela al fuego y se remueve continuamente, con cuidadito que no os salte, hasta que se consuma casi todo el agua que han soltado.
A mí me tardó unos 15 minutos en consumirse (será proporcional también a la cantidad que
hayamos preparado), pero hay que tener cuidado que no se consuma del todo porque cuando se enfríe se secará aún más y en vez de mermelada tendremos cemento de obra! (un truquillo poco ortodoxo pero útil en casos extremos: si antes de que se enfríe del todo veis que se endurece demasiado, podéis echarle un poquito de agua caliente y mezclar bien para que se licue).
En un tarro de cristal os durará algo más de una semana en la nevera, recordad que no lleva
conservantes de ningún tipo. Si queréis envasarlo al vacío (hirviendo el tarro al baño maría) os aguantará meses antes de que lo abráis.
Os lo recomiendo en una tostadita de pan con queso, en un sandwich de jamón y tomate o en la típica tostada de desayuno con mantequilla, aunque incluso he leído que “marida” bastante bien como guarnición de carnes rojas. Mmmmm!


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